Transplante de órganos en personas con el VIH. 

¿Hacia dónde vamos?

 

Amneris E. Luque, M.D., Universidad de Rochester, N.Y., EE.UU.

 

El transplante de órganos ha evolucionado significativamente en los últimos años, pasando de una práctica experimental a una modalidad terapéutica. Avances técnicos continúan mejorando los procedimientos quirúrgicos, haciéndolos  más seguros y dirigiendo la  investigación actual a  mejorar la eficacia de la terapia inmunosupresora.

 

La terapia inmunosupresora eficaz es el pilar fundamental sobre el cual descansa el éxito de los transplantes. Así, anteriormente, resultaba contraproducente que un paciente infectado con el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) fuera sometido a  un transplante de órgano que requiere terapia inmunosupresora, cuando es precisamente la inmunosupresión resultante de la infección por VIH lo que estamos tratando de evitar o revertir.

 

Sin embargo, al  disminuir la mortalidad de los pacientes con VIH y aumentar su sobrevida, frecuentemente debemos manejar  procesos mórbidos concomitantes que, en algunos casos, pueden no responder al tratamiento específico o ser descubiertos tardíamente, cuando este tratamiento no influirá sobre el curso de la enfermedad.

 

Ejemplos importantes incluyen la insuficiencia hepática ya sea secundaria a la hepatitis C o al alcoholismo y la nefropatía por VIH que es causa común de insuficiencia real terminal. Ambas condiciones no tienen tratamiento médico efectivo y obligan a recurrir al  transplante de órgano.

 

Otro aspecto importante, a tomar en cuenta, es el relacionado con las interacciones potenciales entre los medicamentos inmunosupresores y los antirretrovirales. Algunos antirretrovirales interfieren con el metabolismo de los inmunosupresores, haciéndose  necesario modificar las dosis y monitorear cuidadosamente al paciente para asegurarse de tener los niveles adecuados y evitar la toxicidad exagerada.

 

Discutiremos los resultados de estudios clínicos, recientemente presentados en los Estados Unidos,  que comparan la sobrevida de pacientes VIH+ transplantados con la de pacientes transplantados que no están infectados con el VIH.  Estos estudios destacan  a los transplantes de órganos como opciones viables en pacientes VIH positivos.